Sadhu Sundar Singh
Si un recién nacido no llora y grita, debemos darle un azote en las nalgas para que lo haga. A nadie le gusta golpear a un niño, pero el azote hace que reaccione y que sus pulmones se llenen de aire de vida. Así es el perfecto amor, Dios puede aguijonearnos con dolorosas bofetadas para que la respiración de la plegaria fluya libremente a través de los pulmones de nuestras almas. Esta es la única medicina que nos hace fuertes y nos mantiene sanos para la vida eternal.

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